Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos: entre lo sabido y lo incierto

Por Alberto Hutschenreuter*

El lunes 18 de diciembre fue presentada la Estrategia de Seguridad Nacional, uno de los documentos oficiales más importantes que regularmente, y de acuerdo a los cambios o impactos que tienen lugar en el entorno internacional, prepara el Departamento de Estado. Básicamente, en dicho instrumento quedan establecidos los retos que enfrenta y enfrentará el país, las líneas que orientarán la política exterior en los años siguientes, como así los espacios del mundo clave para los intereses nacionales.

Considerando que se trata de un documento elaborado por el actor más preeminente del globo, es decir, el único que continúa desempeñando un papel predominante en todos los segmentos de poder internacional (económico-financiero, tecnológico, cultural, estratégico-militar, aeroespacial, etc.) y el único país grande, desarrollado y estratégico del mundo, no podría esperarse un texto nominal basado en deseos y retórica.

Es un documento que desde el poder trata sobre el mundo en clave de poder, advierte a rivales y no rivales y transmite al globo que Estados Unidos es un país con capacidad de respuesta. Por otro lado, considerando que al frente de ese país se encuentra Donald Trump, dicho documento nunca podría no estar impregnado de sus concepciones.

De manera que la ESN-17 ofrece pocas “novedades” en relación con la visión de la conducción republicana, esto es, una visión de la política internacional en clave de “campo de gladiadores”, para utilizar la expresión de Hobbes, y la descripción de retos múltiples;  por tanto, en ese contexto no cabe otra posibilidad que afirmar los intereses nacionales y fortalecer la autoayuda, es decir, capacidades que proporcionen poder, autoconfianza y deferencia internacional. Nunca hubo, ni muy difícilmente habrá en las próximas décadas, un “número telefónico mundial” al que acudir cuando “acecha y asecha” (así, usando las dos acepciones del término) algún peligro sobre un país.

Interés nacional primero, rivalidad, competencia interestatal, poder, desconfianza, pactos recíprocos y no desventajosos, antimultilateralismo, “alta política” (es decir, temas de seguridad, esferas de influencia, rearme, etc., que predominan sobre temas ecológicos, sociales, etc., considerados de “baja política”), etc., componen la sustancia de la ESN-17. Pero tampoco la situación a escala mundial está orientada en un sentido opuesto al contenido del documento.

Cabe recordar, en este sentido, que todos los niveles de la política internacional se encuentran en crisis: desde el segmento nuclear hasta el “post-nacional”, como el emprendimiento europeo, pasando por el multilateralismo, las instituciones, los acuerdos sobre armas estratégicas, las relaciones entre poderes mayores, etc., todos se encuentran atravesados por crisis, en algunos caso profundas y en algunos casos prácticamente irreductibles, como las pugnas en Oriente Medio.

De modo que el contenido de la ESN-17 se corresponde con el lugar de un poder mayor del orden interestatal y también con la personalidad de un mandatario que llegó al poder para resituar a Estados Unidos en su “singularidad nacional e internacional”, pero tampoco el texto es ajeno al estado de situación de un mundo que hace tiempo dejó de ofrecer perspectivas o “imágenes” optimistas, y donde la introspección nacional se va oponiendo categóricamente a cualquier espacio colectivo o institucional.

En un reciente artículo publicado en Foreign Affairs, la especialista Rebecca Friedman Lissner sostiene que no hay demasiadas sorpresas en el documento presentado recientemente: considera que es un ejercicio retórico. Pero más que interesante resulta la reflexión que ha hecho Daniel Drezner en el Washington Post. Para Drezner, podríamos estar frente a la primer ESN “straussiana” del mundo.

Es decir, siguiendo la filosofía straussiana, es importante concentrarse en la lectura latente de la ESN-17, esto es, aquello que se encuentra “detrás” del texto o más allá de la superficie. Y lo que puede “leerse” por detrás del texto, según nuestro experto, es un contenido preocupante para la potencia mayor: Estados Unidos ya no puede liderar el mundo; el mundo es multipolar, y el poder estadounidense podría ser desafiado. En otras palabras, Estados Unidos podría encontrarse a la deriva.

En breve, la ESN-17 nos proporciona reflexiones centradas en el poder, la defensa y la primacía nacional. Nada nuevo en un mundo con sus partes cada vez más autocentradas; un mundo desconfigurado, sin mando y carente de respuestas sobre su futuro.

 *Doctor en Relaciones Internacionales (summa cum laude, USAL). Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas ( FLACSO). Profesor Titular de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea. Ex profesor en la UBA. Fue Director del Ciclo Eurasia en la Universidad Abierta Interamericana. Ha sido director del medio Equilibrium Global. Columnista y colaborador en revistas especializadas nacionales e internacionales. Autor del libro “La política exterior rusa después de la guerra fría” (2011), “La Gran Perturbación. Política entre Estado en el siglo XXI” (2014). Coautor de Debate Internacional, Escenarios actuales” (2014),  y El Roble y la Estepa, Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy (2016).

 

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