Países de geopolítica 0 (“PdG-0”)

Por Alberto Hutschenreuter y Santiago Palumbo

En el mundo existen países que por distintas razones poseen diferente valor geopolítico. Así, hay países que por encontrarse ubicados en zonas o “cinturones de fragmentación”, es decir, emplazados en espacios bajo influencia de actores preeminentes, deben observar una calibrada diplomacia ante dichos actores con el fin de no “inquietarlos”. Ello no necesariamente implica el sacrificio o entrega de sus intereses ante tales poderes, sino una práctica externa centrada en la deferencia.Estos países son “pivotes geopolíticos” por su ubicación condicionada, por caso, Ucrania.

Hay otros, en cambio, cuya condición de “pivotes geopolíticos” reside en su potencialidad de externalizar a escala regional (y aún más allá) sus problemas internos. El historiador Paul Kennedy se ha referido a estos “Estados-pivotes” destacando cómo una eventual crisis económica mayor en ellos puede derramar en derredor creando ondas cada vez más grandes y peligrosas, por caso, Brasil: difícilmente una crisis económica compleja en este “país-continente” de Sudamérica no termine afectando el entorno; de hecho, ha sucedido antes.

También están aquellos actores que por su condición de riqueza en materia de activos estratégicos, y por su ubicación en zonas atravesadas por la fisión y la ambición, necesariamente requieren de “tutores externos” (zonales o extrazonales). Dentro de esta categoría, las petromonarquías del golfo son los casos más claros, aún hoy cuando los actores con intereses en ellos han diversificado sus fuentes.

Por otro lado, están aquellos países que por su condición de inviabilidad necesariamente deben contar con la presencia y asistencia exterior. Se trata de países que pueden (o no) tener bajo valor geopolítico, pero una situación de crisis incontrolada puede proyectar inestabilidad regional y más allá, por caso, Haití. Es decir, “Estados colapsados” que “per sé” no pueden mantenerse como miembros de la comunidad internacional.

Están, claro, aquellos excluyente y contundentemente geopolíticos, es decir, actores preeminentes con facultad de proyectar capacidades a escala regional o global. Son los Estados con potencial “blue-water”, “blue-sky” y blue-land”, para utilizar la terminología estratégica-militar.

Finalmente, están aquellos países que podríamos denominar “países de geopolítica 0” (“PdG-0”), esto es, actores con espacio terrestre mayor, espacio marítimo mayor y espacio aéreo mayor, pero que no desarrollan ni poder terrestre, ni poder naval, ni poder aeroespacial. Sin duda que lo hacen, pero de modo insuficiente, deficiente y, a veces, a regañadientes.

Los “PdG-0” son actores ricos en extensión y activos estratégicos, pero por diferentes realidades no desarrollan una cultura geopolítica y de defensa que se encuentre a la altura de su condición geopolítica mayor.

Podemos arriesgar algunas realidades o perfiles de los “PdG-0”.

Son países que carecen de tradición o escuela geopolítica aplicada. Peor aún: sus dirigencias políticas e intelectuales repudian la geopolítica (por considerarla una disciplina que genera un anclaje negativo, por su pasado vinculado al ámbito militar), así como el interés político sobre espacios geográficos con fines corrientemente asociados al incremento y amparo del poder nacional, es decir, la esencia de la disciplina. Además, en dichos países se estima que la geopolítica ha sido superada por el advenimiento de un “mundo mejor”.

Consecuentemente, producto de sus prejuicios perceptuales, las sociedades de dichos países no desarrollan ni conciencia terrestre, ni marítima, ni aeroespacial. Se vuelven sociedades ”a-geopolíticas”, cuando no “anti-geopolíticas”.

Los “PdG-0” tienden a considerar a la realidad dentro de escenarios de evolución lineal y no sistémica, en la cual  los procesos internacionales son irreversibles, por ejemplo, los cursos de integración regional o los procesos de globalización en clave solamente de oportunidades. En otros términos, los “PdG-0” descartan, cuando ni siquiera las consideran, las siempre necesarias “hipótesis de fracaso”.

Los “PdG-0” presentan una percepción del mundo cercana a la visión del “estado de naturaleza” de Rousseau en detrimento del concebido por Hobbes, tendiendo a creer en tal sentido en “la amistad entre los pueblos” y no en “los intereses entre los Estados”. Más aún, suelen emplear categorías inexistentes en la política internacional, por ejemplo: “la bondad” o, para “suavizar, “la reciprocidad” ante “políticas bienintencionadas”, algo que para Bismarck sería visto como una incredulidad.

La falta de realismo y la inexistencia de hipótesis de fracaso llevan a que los “PdG-0” miren hacia adelante, considerando que la situación en la región de pertenencia no sufrirá cambios, desatendiendo así la experiencia.

Los “PdG-0” suelen importar hipótesis de realidades análogas pero inmersas en contextos diferentes, que no son las apropiadas en relación con su interés nacional. Ello generalmente obedece a la falta de diagnósticos precisos en relación con la política internacional, producto de modelos mentales y conceptuales sesgados, los cuales no toman en cuenta todos los aspectos y variables que la realidad presenta, sino que habitualmente solo incorporan aquellos aspectos que son de su interés o que le resultan apropiados para explicar o justificar los hechos a los cuales se enfrenta.

En breve, los “PdG-0” tienden a creer en las buenas intenciones, ignorando que  la geopolítica, como advierte Kissinger, trata de los intereses de los Estados, no de las buenas intenciones de éstos.