Alejandro III de Rusia y el ARA San Juan

Por Paulo Botta*

El pasado 17 de noviembre el presidente ruso Vladimir Putin ha inaugurado una estatua del Zar Alejandro III en el lugar donde éste murió en noviembre de 1894, el Palacio de Livadia en Yalta, palacio totalmente destruido durante la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patria como se la conoce en Rusia.

Alejandro III fue un monarca modernizador que es recordado por ser el impulsor de la industria petrolera, la finalización del ferrocarril transiberiano, la construcción de la Catedral de Cristo Redentor en Moscú, entre otras cosas.

Pero, y tal como lo recoge la estatua inaugurada la semana anterior, es recordado fundamentalmente por su famosa frase: “Rusia tiene sólo dos aliados: su ejército y su armada”.

Se trata sin lugar a dudas, más allá de las exageraciones a las que puede dar lugar su mala interpretación, de una frase inteligente y racional. Un estado soberano que se precie de tal no puede dejar en manos de otros la defensa de su territorio, de su población, su misma existencia. Alejandro III con esta frase memorable no inventó nada nuevo, sino que explicitó de manera concreta un principio fundamental de todo estado que no sea una colonia o dependencia administrativa de otro estado.

La diplomacia y el poder militar son dos herramientas de ejercicio del poder en el ámbito de las relaciones internacionales. No son las únicas, por cierto, pero sí aquellas que no pueden dejar de existir.

Resulta admirable, casi envidiable, que Rusia reconozca esta verdad y cuyo Jefe de Estado lo reconozca abiertamente. Rusia no es el único estado que lo hace, lo mismo sucede con muchos otros que se encargan de que sus ciudadanos se formen en el reconocimiento de una de las instituciones fundamentales de cualquier país.

Por el contrario, en Argentina desde el pasado miércoles 15 de noviembre se ha perdido contacto con el Submarino ARA San Juan con 44 tripulantes a bordo. Ni los medios con los que cuenta Argentina ni los puestos a disposición por otros estados que están colaborando en la búsqueda han dado resultado alguno.

Más allá del hecho de la pérdida de contacto, lo que resulta imposible de ocultar es que nuestra Armada, como nuestra Fuerza Aérea y nuestro Ejército no se encuentran en las mejores condiciones en cuanto a su equipamiento. Situación derivada de décadas de abandono y desidia.

Si Argentina verdaderamente desea ser un país en serio, no se trata solamente de poder atraer inversiones; se trata de hacer cumplir la ley en su territorio por parte de todos lo que la habitan (nacionales o extranjeros), de hacer respetar su soberanía, de hacerlo por todos los medios que la comunidad internacional reconoce como lícitos, de resultar creíbles en eso.

Para eso se requiere de profesionales, no solo capacitados y motivados, sino con los medios requeridos para ejercer su función tal como lo requiere nuestra Constitución.

Por eso me resulta tan atrayente la inauguración de la estatua de Alejandro III. Por eso tan desesperanzador lo del ARA San Juan y sus tripulantes, que esperemos que no termine en una tragedia.

Argentina, un país miembro del G-20 (cuya cumbre de jefes de estado y de gobierno se realizará el próximo año en Buenos Aires), el octavo país del mundo en extensión territorial y con enormes riquezas naturales, no puede no contar con los medios necesarios para preservar su soberanía. Esto también es parte del trabajo a realizar, parte de la deuda a saldar.

Precisamente hoy, 20 de noviembre, día de la soberanía nacional, creo que es mejor día para tener en cuenta este hecho.

Especialista en temas iraníes y de seguridad en Medio Oriente. Coordina el Departamento Eurasia del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Córdoba, Lengua Árabe en Egipto y completó su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid sobre las relaciones argentino-iraníes.

Fuente:

paulobotta.com.ar

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