El sentido estratégico de la bomba sobre Afganistán

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Por Alberto Hutschenreuter

Como si no hubieran sido suficientes los impactos internacionales durante los últimos días, de repente el suelo del este de Afganistán se vio violentamente sacudido por la explosión de una bomba convencional de escala lanzada por Estados Unidos desde un avión Hércules MC-130, con el fin destruir a los terroristas de la línea del ISIS que operan en esa zona gris que es la frontera afgano-pakistaní, una suerte de “área a-estatal de violencia variable”.

Desarrollada por el Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) y probada por vez primera en 2003, la detonación de la GBU-43/B de 10.000 kilogramos (de los cuales 8.000 son explosivos) produjo una onda de choque superior a 1,6 kilómetros.

Más allá de los detalles técnicos de la bomba no nuclear más poderosa utilizada hasta la fecha y de las incertidumbres sobre las bajas y daños que produjo, resulta pertinente concentrarse en el sentido estratégico de la decisión de arrojar el artefacto por parte de la administración republicana.

Sin duda que el resultado buscado fue destruir al enemigo en sus escondrijos y restringir espacio operacional al terrorismo en esa región casi indómita; en buena medida, la mayor cantidad de terroristas e insurgentes eliminados coadyuva a reducir la capacidad de daño sobre los miembros de la coalición occidental desplegada en Afganistán, que desde 2001 a la fecha ha sufrido casi 3.600 bajas (70 por ciento estadounidenses) y más de 23.000 heridos (87 por ciento estadounidenses).

Pero la decisión también apuntó más allá de estos objetivos inmediatos.

En primer lugar, el mandatario estadounidense no solo demostró que no vacilará en recurrir a “capacidades militares mayores” frente a sus enemigos, sino que su política de defensa y su política exterior serán “políticas militarizadas”. En este sentido, es pertinente recordar las palabras de un alto funcionario estadounidense: “El objetivo del soldado estadounidense en un conflicto es asegurar que el soldado enemigo muera por su patria (o por su causa)”.

Por otro lado, siempre es una “necesidad” probar una nueva arma en el terreno real de la guerra. Si bien dicho artefacto fue experimentado en la Base Aérea de Eglin, Florida, hace casi 15 años, cuando Estados Unidos ya había lanzado su combate contra el terrorismo a escala global desplegando capacidades casi simultáneamente en dos teatros, Afganistán e Irak, era necesario comprobar los efectos reales de esta poderosa nueva munición.

En tercer lugar, la bomba fue arrojada en Afganistán con el fin de que no solo los denominados “Estados-armas”, es decir, Estados peligrosos por carecer de “cultura” o “mesura estratégica” tomen nota de las capacidades militares, por caso, Corea del Norte, sino que también el hecho sea registrado por los poderes preeminentes. En otros términos, que el mundo sepa que para Estados Unidos la “Revolución en los Asuntos Militares” es una realidad permanente.

Finalmente, la decisión de arrojar la bomba busca dar lo que Estados Unidos no ha logrado en ninguno de los escenarios en los que se ha involucrado militarmente desde el 11-S: una victoria concluyente. Claro que la GBU-43/B no implica decisión militar pues no acaba con el terrorismo, pero proporciona cierto sentido de predominancia, un propósito dirigido al extendido sector de la población estadounidense descontenta con las aventuras militares de Estados Unidos por el mundo.

En breve y salvando las amplias diferencias, la decisión de arrojar la poderosa bomba sobre Afganistán recuerda la decisión de arrojar la bomba nuclear sobre Hiroshima en agosto de 1945: hubo un objetivo político-militar directo pero con sub-objetivos estratégicos.

“La usamos para acortar la agonía de la guerra, para salvar la vida de miles y miles de jóvenes estadounidenses” sostuvo entonces el presidente Truman. Pero también, como recordó Donald Kagan a mediados de los años noventa citando a historiadores revisionistas: “La bomba fue lanzada principalmente por su efecto no tanto en el Japón, sino en la Unión Soviética. Primero, para forzar que los japoneses se rindieran antes de que la URSS entrara en la guerra del Lejano Oriente, y segundo, para demostrar el poderío de la bomba en condiciones de guerra. Sólo de esta forma, podría tener éxito la política de intimidación (sobre la Unión Soviética)”.

editada

Alberto Hutschenreuter es Doctor en Relaciones Internacionales. Recientemente fue publicado su último trabajo, “El roble y la estepa. Alemania y Rusia desde el siglo XIX hasta hoy”, Ed. Almaluz, escrito con el Dr. Carlos Fernández Pardo.

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One comment

  1. A las 16:30 hora local española (13:30 hora afgana) USA lanzo la bomba GBU-43 Massive Ordnance Air Blast (MOAB) sobre en la provincia de Nangarhar (Afganistán), informó el Pentágono.
    los EE.UU han conseguido matar de un tiro tres pájaros, buena jugada, amedrantan a los díscolos, ensayan su bomba, y de paso Goldman Sachs hace buena caja.

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