¿Qué pasó el viernes 7 de abril?

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Por Santiago Rubenovich, abogado y magister en política exterior (Instituto Estatal Moscovita de Relaciones Internacionales)

“Estados Unidos lanzó 59 misiles a la base militar de Shayrat, en Siria, desde donde el gobierno sirio usó, el lunes, gas sarín contra la población civil” decían los titulares de la prensa esa mañana. Este fue el principio de una jornada de tanta importancia, que algunos periodistas lo consideran el día más importante de ésta década.

¿Fue justificado el ataque? El periodista ganador del Pulitzer Seymour Hersh escribió en 2016 que la entonces Secretaria de Estado y luego candidata presidencial demócrata Hillary Clinton, aprobó el envío de gas sarín a Siria. Ella era el vínculo entre la administración de Obama y los líderes de algunas naciones de Medio Oriente, en especial Arabia, Catar y Turquía. “Por los términos del acuerdo, los fondos vinieron de Turquía, Arabia y Catar; la CIA, con el apoyo del MI6, fue responsable de enviar armas del arsenal de Gaddafi hacia Siria”.

Esta historia fue repetida, por ejemplo, por Christopher Lehmann el 7 de Octubre de 2013. Sin embargo, sus fuentes eran distintas que las de Hersh: “La evidencia lleva directamente a la Casa Blanca, al director de la CIA, al jefe de la inteligencia y al ministro del interior de Arabia Saudita”. Su artículo se titula ‘Miembros del gobierno de EEUU y Arabia responsables por las armas químicas en Siria’.

Hersh dice que “durante la Administración de Obama, bajo la supervisión de Clinton, el rol de Benghazi fue el de juntar los armas libias y enviarlas, a través de Turquía, para fingir un ataque con gas sarín, culpando a Bashar al-Assad, para justificar la invasión estadounidense a Siria, del mismo modo que se hizo en Libia para eliminar a Gaddafi”. En su libro, La Muerte de Osama bin Laden, Hersh cita un ex oficial de la inteligencia estadounidense, dice que la Casa Blanca rechazó 35 objetivos porque no hubieran sido lo suficientemente dolorosos para el régimen de Assad. En la lista se incluían varios objetivos civiles. Esto no sorprende a Hersh, qien dice que los EEUU tienen una larga tradición ignorando las víctimas civiles. “Los ataques estadounidenses están bien, e incluso son deseados (incluyendo aterrorizar a la población al punto de rendirse). No son un problema, salvo, tal vez, para la gente de relaciones públicas”.

Desde que el partido Ba’ath tomó el poder sirio en 1957, la Casa Blanca siempre quiso que la CIA orquestara un golpe de Estado, para poder construir un oleoducto desde Arabia Saudita hasta el Mediterráneo y Turquía. Esto nunca se logró.

El ataque perpetrado por los barcos USS Ross y USS Porter fue la primera vez que el gobierno estadounidense ordena acciones militares contra al-Assad y fue también la primera vez desde el final de la Guerra Fría que quedaron en confrontación directa los Estados Unidos con la Federación de Rusia.

Una de las motivaciones del presidente Trump fue que el propio presidente sirio mató a niños con armas químicas de una manera cruel en el ataque químico ocurrido en Khan Shaykhun, con 75 víctimas (incluyendo muchos niños), tres días antes. Tanto el gobierno sirio como su aliado ruso, sugieren que las armas no pertenecían a Siria (hubieron numerosos controles, incluso por ONU, y no se han encontrado armas químicas en ese país desde 2014). Las armas estaban en el lugar equivocado y en el momento equivocado. El ataque del gobierno sirio jamás intentó matar a niños o civiles. Las armas químicas podrían haber sido las que Hersh sugiere fueron enviadas por la administración Obama desde Benghazi. La cobertura mediática del viernes 7 de abril, dio muy poca importancia a las consecuencias del ataque, sino que dio más importancia a las causas: al-Assad mató a civiles con armas químicas. Esto no había sido probado hasta la medianoche del 6 de abril, y seguramente tras el ataque y las destrucciones a la base de Shayrat sea imposible de probar en el futuro.

¿Podría tratarse de una operación de encubrimiento para eliminar las pruebas que pudieran, por un lado, demostrar que las armas eran traídas por los EEUU desde Libia y por el otro, que al-Assad no supo que existían esas armas y el ataque del 4 de abril resultó muchísimo peor de lo esperado por armas que las mismas fuerzas armadas sirias desconocían su existencia? No sería la primera vez.

¿Es natural el apoyo casi incondicional de gobiernos extranjeros a la decisión de Trump de bombardear Siria? Pensemos que algunos de los líderes de estos países tienen muy mala relación con el nuevo presidente estadounidense, como el caso de la canciller alemana Angela Merkel, o el presidente ucraniano, Petro Poroshenko. La medida fue particularmente bien recibida por los gobiernos de Turquía, Catar y Arabia Saudita, que podrían, según Hersh, haber colaborado en la instalación de armas químicas en suelo sirio. Casi todos los países de OTAN también felicitaron a Trump. La oposición se redujo a muy pocos países, incluyendo a Rusia, Irán, Corea del Norte y Brasil.

La reacción dentro del congreso estadounidense fue diversa, aunque gran parte del partido republicano lo apoyó. Sin embargo, muchos, tanto demócratas y republicanos también se opusieron, por dos motivos: por un lado, el jurídico, Trump no tuvo ni la aprobación del congreso ni la del Consejo de Seguridad de la ONU, y por el otro político: Tusli Gabbard (demócrata, de Hawaii), dijo que “este ataque creará más víctimas civiles, más refugiados, el fortalecimiento de organizaciones terroristas como Al Qaeda y una posible guerra nuclear entre Rusia y los Estados Unidos”.

Y ¿el público norteamericano? Analizando la cobertura mediática del viernes 7 de abril, prefirió ver al atentado ocurrido en Estocolmo ese mismo día, causando cuatro víctimas. Al menos durante las primeras 12 horas de ese día, los medios no reportaron ni el número de víctimas, ni los daños, que se causaron ese trágico día en la región de Homs, y que podrían llegar a cambiar el curso de nuestra historia.

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