La Administración Trump: ¿Un punto de inflexión en la política de Oriente Medio?

Es probable que la investidura de Donald J. Trump como el 45° presidente de Estados Unidos conduzca a una transformación trascendental de la política norteamericana en relación al Oriente Medio. Muchos de los supuestos que acompañaron los años del presidente Barack Obama ya no serán sostenidos por los hacedores de la política estadounidense.

Pero igualmente importante, muchos elementos que en el pasado habían sido los pilares de la política estadounidense y fueron olvidados, y no formaron parte del repertorio de la Casa Blanca, en los últimos ocho años, podrían ser reintroducidos.

El primer elemento se refiere a la frontera futura de Israel. Desde 1967, cuando Israel capturó Cisjordania en la Guerra de los Seis Días, la cuestión de las fronteras futuras de Israel se regía por la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, que habla acerca de una retirada israelí de territorios –no de todos los territorios-.

Ahora algunas personas piensan que es una cuestión insignificante y trivial de lenguaje. Pero de hecho, la decisión sobre el lenguaje de la Resolución 242 fue tomada en los niveles más altos del gobierno de Estados Unidos, por el propio presidente Lyndon Baines Johnson. Y ese lenguaje fue preservado por sucesivos presidentes de Estados Unidos y secretarios de Estado.

Por ejemplo, la Administración Reagan en 1988, a través de su secretario de Estado George Shultz, habló sobre el hecho de que Israel nunca negociaría o volvería a las fronteras de 1967. El secretario de Estado, Warren Christopher, en una carta a Israel en 1997, habló de Israel obteniendo “fronteras defendibles”, y esa idea fue consagrada en 2004 por el presidente George W. Bush en una carta a Ariel Sharon que fue aprobada por ambas cámaras del Congreso.

Desafortunadamente, en los últimos ocho años, los derechos reconocidos de Israel han sido erosionados, culminando en la más reciente resolución de la ONU, el 23 de diciembre de 2016, en la cual Estados Unidos se abstuvo, haciendo referencia constante a las líneas de 1967 como su principal punto de referencia.

Dore God Foto jcpa.org

Dore God Foto jcpa.org

Una segunda cuestión es la cuestión de los refugiados palestinos. Los refugiados eran uno de los temas del estatus permanente planteados por el acuerdo de Oslo, pero parece que en los últimos dos años la comunidad internacional ha estado obsesionada con una cuestión de estatus permanente muy diferente: la cuestión de los asentamientos.

Lo que ha ocurrido con los refugiados es alarmante y probablemente es una de las principales causas de que sea tan difícil llegar a un acuerdo de paz permanente. Por ejemplo, después de la primera guerra árabe-israelí en 1949, las Naciones Unidas estimaron que el número de refugiados palestinos era de 750.000. (Hubo más refugiados judíos de los países árabes, pero fueron reasentados dentro de Israel.) En 2016, esos 750.000 refugiados se convertirían en cinco millones porque la ONU tiene un sistema de anotación que permite a los palestinos incluir a los descendientes de los refugiados originales como refugiados. Eso no fue hecho por ninguna otra organización de refugiados en el sistema de las Naciones Unidas -sólo en el caso de los palestinos-. Lo que esto sí se hizo fue que el problema de los refugiados se convirtiera en un problema a perpetuidad, que nunca se puede resolver, y que cada año se vuelve más difícil.

La gente hablaba de los asentamientos, de las fronteras, de Jerusalén; pero no tocaba este tema, lo que hacía aún más difícil resolver el conflicto árabe-israelí.

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