El “reseteo” de la relación con Rusia

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Por Mariano Caucino

Embajador en Costa Rica. Autor de “Rusia, actor global”

La Guerra Fría parece resistirse a quedar definitivamente en el pasado.

Tras la caída de la Unión Soviética, el imperio que, como un castillo de naipes, cesó en su existencia, los antiguos rivales pasaron a ser socios en la primera guerra de Irak (1991). La reelección de Boris Yeltsin, se transformó en una obsesión para la Administración Clinton. Clinton reconoció que “bailamos en la Casa Blanca” la noche en que Yeltsin alcanzó su reelección: era un paso necesario para el plan de expansión de la OTAN, un programa que no podía cumplirse sin que Moscú sintiera que Occidente había roto antiguas promesas. En febrero de 1990, el secretario de Estado James Baker le había asegurado a Gorbachov que la unificación alemana no supondría que la alianza atlántica se desplegaría hacia el Este.

La incorporación de Rusia al G7 y la ayuda financiera no alcanzaron a reparar el daño.

El bombardeo de la OTAN en Kosovo obligó al premier Yvegeny Primakov a girar en U en medio del Atlántico al cancelar un viaje a Washington en 1999. Poco después, Putin he redó el poder de manos de Yeltsin y es probable que haya sonreído al conocer el resultado del fallo de la Corte que dio el triunfo a Bush: las relaciones entre Washington y Moscú alcanzaron mayores niveles de distensión durante las administraciones republicanas. El 11 de septiembre de 2001, Putin ofreció su ayuda para las operaciones en Asia Central que culminaron en la guerra de Afganistán.

Semanas más tarde, tuvo lugar una escena que hoy parece inimaginable: fue invitado por Bush a su rancho de Crawford y tuvo el raro privilegio -tratándose de un antiguo agente de la KGB- de escuchar el informe de seguridad que cada mañana recibe el presidente de los EEUU. Aquel clima de cooperación no duró demasiado. Vaclav Havel reconoció el malestar que Rusia comenzó a sentir al verse rodeada por “revoluciones de colores” en las antiguas repúblicas soviéticas, el Near Abroad, eje de las obsesiones de largo plazo del Kremlin.

Fue entonces que Putin pronunció la frase más polémica de su vida: “la disolución de la Unión Soviética fue el peor error geopolítico del siglo XX”.

La llegada de Obama alimentó una tenue esperanza. Pero en los años que siguieron, las relaciones entre las dos potencias volvieron a deteriorarse al punto que en 2014 colapsó el orden existente hasta entonces. La crisis se desató, una vez más, ante la convulsionada política ucraniana.

Durante la campaña Trump, ofreció algunas claves sobre cómo re-resetear la relación con el Kremlin. Sostuvo que buscaría reunirse con Putin antes del 20 de enero. Naturalmente, cosechó críticas: Putin es visto como la ‘bete noire’ del sistema global. No obstante su falta de experiencia en política exterior, algunas manifestaciones de Trump hacen suponer que podría intentar una política parecida a aquella de Nixon-Kissinger de 1972, cuando los Estados Unidos se acercaron a Beijing para contener a la Unión Soviética.

La llegada de un nuevo presidente ofrece una oportunidad de restaurar las dañadas relaciones con Rusia, en un contexto en que la multipolaridad parece inevitable y en el que el dato central es el rol de China como potencia ascendente.

Fuente:

http://prensa.cancilleria.gov.ar/el-reseteo-de-la-relacion-con-rusia

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