Xi Jinping, ¿un nuevo Mao?

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El Sexto Pleno del Comité Central del PCCh, ha otorgado a Xi Jinping, el título de “centro” del partido, que en el pasado solo habían ostentado Mao Zedong y Deng Xiaoping. Xi consolida su control sobre el partido cara al congreso que se realizará el próximo año. Se trata de impedir la explosión de una crisis social generalizada y continuar la expansión internacional del nuevo imperialismo chino.

Xi Jinping, oficialmente apodado Xi Dada (“Tío Xi”), ahora controla la mayor parte de los mecanismos nacionales del régimen. Es Secretario General del PCC, presidente de la Comisión Militar Central y Presidente de la República Popular. También dirige varios organismos encargados de la seguridad nacional, la seguridad cibernética, las reformas económicas. Se ha convertido en comandante del ejército, como si su posición como jefe de la comisión militar no fuese suficiente.

El sexto pleno del Comité Central se reunió del 24 al 30 octubre y le ha otorgado además el título de “centro” del partido, usado por ilustres predecesores como Mao Zedong y Deng Xiaoping.

Desde que accedió a los más altos cargos, Xi Jinping, se ha consolidado de forma sistemática a golpe de purgas y la construcción de un culto a su personalidad. Para muchos comentaristas, se está convirtiendo así en un nuevo Mao. Tal culto, obviamente, significa que un líder es más igual que los demás; sin embargo, no necesariamente no significa que su poder personal es más o menos absoluto. Mao había formado a su alrededor un equipo de dirección de alto nivel compuesto por fuertes personalidades de diferentes orígenes, que no eran meros vasallos [ 1 ]. Este equipo se mantuvo en funcionamiento unos veinte años antes y después de la conquista del poder. El maoísmo histórico entra en crisis precisamente cuando, en su seno, la división se impuso a la solidaridad tras el fracaso del Gran Salto Adelante a finales de los años cincuenta.

Ahora estamos ante la quinta generación de líderes del PCCh. No cuenta con la experiencia ni la solidaridad, ni la legitimidad forjadas en una lucha revolucionaria común. Su llegada al poder ha estado acompañada por luchas faccionales particularmente violentas, a los niveles más altos [ 2 ]. Cualquiera que sea su inteligencia política innegable, no está claro que Xi Jinping, puede constituir un equipo de gestión capaz de imponerse permanentemente en un partido de 88 millones de miembros, en un país-continente con múltiples centros de poder, regionales, administrativos o sectoriales.

Xi Jinping, nacio en 1953, es un “príncipe rojo”, hijo de Xi Zhongxun, uno de los principales dirigentes del PCC. Su padre había sido vicepresidente de la Asamblea Popular y vice primer ministro antes de ser marginado por Mao Zedong y rehabilitado por Deng Xiaoping en las luchas fraccionales de 1960-1970. Xi contribuyó a la puesta en práctica de las reformas económicas promovidas por Deng en la década de 1980 que, la siguiente década, abrieron el camino al desarrollo capitalista.

Xi Jinping es él mismo uno de los “jóvenes educados” enviado en 1969 al campo a “aprender de los campesinos”, después de la Revolución Cultural. Permanecerá de 15 a 22 años en Shaanxi – afortunadamente para él en la antigua base revolucionaria que dirigió su padre. A partir de 1982, empezó a ejercer responsabilidades en Hebei, Fujian, Zhejiang – es decir, en las provincias costeras del este y noreste-, donde se permitió la inversión de capital extranjero (especialmente taiwanés).

En 2007 fue cooptado al Comité Permanente del Politburó, el núcleo de la dirección central del PCC. Este curriculum le permitió anclar su poder en una red de relaciones que incluyen al puerto y la metrópolis financiera de Shanghai. “Reformador” capitalista, ha sido también un impulsor de la expansión internacional del nuevo imperialismo chino.

El sexto pleno del Comité Central tiene como orden del día principalmente la preparación del próximo congreso del PCC, que tendrá lugar el próximo año. En esta perspectiva, Xi Jinping ha colocado ha ido colocando a cuadros cercanos en posiciones importantes. Por lo tanto, ha roto con la regla de oro que mantenía Deng Xiaoping: asociar a varias fracciones en el reparto de las responsabilidades más altas para prevenir la aparición de un hombre fuerte. Dada la brutalidad con la que Xi impone su ley, sin duda ha hecho muchos enemigos. Sin embargo, no está libre de debilidades.

Al levantar la bandera de la lucha contra la corrupción, Xi intenta hacer frente a una crisis importante para el presente régimen, justificar la eliminación de rivales y asegurarse el apoyo popular. Las posiciones de poder y el enriquecimiento van a la par en la China contemporánea. A menudo son los clanes familiares los que, por medios legales o ilegales, se benefician del acceso a una posición de poder de uno de los suyos. Wen Jiabau es un caso ejemplar. “En total, según la investigación del periodista David Barboza del New York Times , la fortuna del clan alcanzaría los $ 2.7 mil millones (€ 2 mil millones).” “Hace diez años, al principio de su carrera como primer ministro, Wen y su familia no tenían ninguna fortuna […] cuando acabó, acumulaban un buen cofre” [ 3 ].

Este es el problema: Xi Jinping, no es blanco como la nieve. En junio de 2012, el diario Bloomberg publicó un artículo sobre su fortuna y la de su familia, que fue censurado en China. Las inversiones de 297 millones de euros a las que se refiere el periodista no son atribuidas directamente a Xi Jinping, su esposa Peng Liyuan o su hija Xi Mengze. Sino que serían administradas por su hermana mayor Qi Qiaoqiao, su hermano Deng Jiagui y la hija de este Zhang Yannan. ¡Siempre el clan!

Las inversiones son en telefonía móvil, minerales, bienes raíces o terrenos. Xi Yuanping, un tío de Xi Jinping, es actualmente director general de la Asociación Internacional de Conservación de la Energía y la Protección Ambiental. En abril de 2016, un primo de Xi Jinping, fue citado en los Papeles Panamá [ 4 ] .

Al igual que otros “príncipes rojos” antes que el [ 5 ], Xi ha recuperado algunos gestos maoístas, al tiempo que aplica una política opuesta en lo esencial a la de Mao, tanto a nivel nacional (desarrollo capitalista) como internacional (expansionismo sin fronteras). Se reconoce así que la retórica anti-maoísta no es útil hoy en día. El trauma de la Revolución Cultural y de su colapso en los años sesenta en una dictadura burocrática se aleja. La memoria se reaviva – en parte verdadera, en parte mitificada – de un pasado anterior, donde se redujeron las desigualdades sociales, se había frenado la corrupción, y el status de las clases trabajadoras era valorado. Una memoria cargada de reproches ante el orden actual, que Xi trata de neutralizar al apropiarse simbólicamente de ella como último recurso.

Para Emilie Fienkel, “cuando Mao es esgrimido como figura paterna, se trata de intentar que Xi gane popularidad mediante la revitalización de la legitimidad moral del CCP, apoyándose en el aura que han mantenido del antiguo líder muchos chinos. Mientras que Mao se asocia a menudo en la imaginación intelectual de Occidente con la hambruna, con una política económica desastrosa, con la persecución y un voluntarismo ideológico destructivo, en China evoca más poder y dignidad nacional, integridad, igualdad socioeconómica y de género, y progreso industrial. Según una encuesta de diciembre de 2013, patrocinado por Global Times, un periódico cercano al partido, el 85% de los chinos encuestados cree que los éxitos de Mao superan a sus errores y fracasos ” [ 6 ].

China es el escenario de muchos “levantamientos” locales que a menudo incluyen la quema de edificios oficiales. 200.000 “incidentes” han sido registrados oficialmente en 2012. Posteriormente, como aumentan, estos datos han dejado de ser públicos. La sociedad china no está a lo que se le ordene, ni mucho menos. Esto no significa que el régimen no tenga base social. La realidad es muy compleja.

“Por supuesto, -añade Emilie Fienkel-, las encuestas son a menudo poco fiables. Sin embargo, los resultados ponen de relieve la brecha entre la forma en la que los chinos valoran a sus dirigentes de la manera que lo hacen los observadores externos. Lo que obviamente hace que Xi sea popular entre diversos sectores de la sociedad son sus esfuerzos para situar a China con más fuerza en el escenario mundial (lo que agrada a muchos jóvenes) y su impresionante lucha contra la corrupción, que rompe la imagen de que los cuadros del Partido son intocables y da la impresión de acercar a los líderes de los ciudadanos comunes. Es probable que las clases medias y altas sean más sensibles a su voluntad de continuar y profundizar las reformas económicas. También es necesario que la disminución del crecimiento no se traduzca en un cuestionamiento de sus ganancias”.

Las políticas represivas de Xi Jinping demuestran que no se apoyan en su popularidad, real o percibida. Se han endurecido considerablemente. Es bastante interesante ver al antiguo “joven educado” víctima de la Revolución Cultural amenazar a su vez a los intelectuales disidentes hoy con enviarlos al campo para que aprendan del pueblo. Sobre todo teniendo en cuenta que como capa social, los estratos intelectuales son, al igual que en otros países, más conservadores que demócratas.

Cualquier forma de organización independiente está prohibida (sindicatos), acosada, sometida a vigilancia. En los últimos años, miles de personas de la llamada “sociedad civil” han sido detenidas: los abogados laboralistas que informan a los trabajadores de sus derechos legales, activistas feministas y líderes de asociaciones … el acceso a Internet esta controlado y las redes privadas virtuales son bloqueadas regularmente. La censura es más omnipresente en contra de los usuarios de Internet, académicos, periodistas y artistas.

A diferencia de Mao, Xi Jinping alaba las virtudes del confucianismo en la medida en que codifica un orden social intangible. Evita cuidadosamente cualquier llamamiento a la movilización popular y continúa la cooptación de los empresarios capitalistas, de los burgueses ricos chinos a la dirección del PCC, así como la liberalización del mercado y la competencia. ¡Esta descartado cualquier retorno a la planificación maoísta!

El futuro de Xi Jinping se juega en gran medida en su capacidad para prevenir el colapso social causado por el estallido de una crisis económica, ahora latente, al que su régimen no sobreviviría probablemente. Para ello, mucho más que sus predecesores, Xi apuesta por el expansionismo y el dinamismo del imperialismo chino, con cierto éxito. En Asia oriental, en particular, ha recibido un apoyo inesperado con las políticas anti-estadounidenses de Rodrigo Duterte, actual presidente de las Filipinas. Malasia hoy se inclina hacia Beijing después de Laos, Camboya y Tailandia. Nunca la posición de Pekín ha sido más fuerte en el Mar del Sur de China; ni mayor su peso en el ámbito internacional como una potencia integrada en el orden mundial capitalista.

El futuro de la evolución actual de China sigue siendo muy difícil predecir [ 7 ]. No sabemos ni cuándo ni dónde ni cómo estallará la próxima crisis, aunque es probable que la causa sean la magnitud de la deuda pública y privada (incluyendo en el sector inmobiliario) o la capacidad de producción sin salida en el mercado. Xi Jinping, sabe que nada está ganado de antemano. Para hacer frente a un futuro turbulento, quiere un partido, un ejército y una administración bajo control.

Notas

1] FEES (artículo 24655), La Chine du XXe siècle en révolutions – III – Annexe 1 : six coups de projecteur (http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article24655)

2] Por ejemplo, Zhou Yongkang, ex jefe de la Seguridad Nacional, fue condenado.

3] Martine Bullard, Le Monde Diplomatique , disponible en FEES (artículo 26904), Chine : Wen Jiabao, sa mère, sa femme, son fils et les autres: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article26904

4] Wikipedia añade que nada sugiere que Xi Jinping este implicado en malversaciones: https://fr.wikipedia.org/wiki/Xi_Jinping#Fortune

5] FEES (artículo 29634), Chine : le procès de Bo Xilai: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article29634

6] Emilie Fienkel, artículo disponible en FEES (artículo 39389), Xi Jinping, le président chinois le plus puissant depuis Mao Zedong: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39389

7] Aldo Bronzo, FEES (artículo 39404 La Chine de Xi Jinping – Une transition extrêmement complexe, aux débouchés imprévisibles: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article39404

Fuente:

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=218931

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