Una política exterior que potencie una visión de desarrollo

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(Ingeniero industrial con doctorado en Relaciones Internacionales)

La Argentina es hoy una potencia media con un enorme diferencial entre ‘lo que es’ y ‘lo que podría ser’. Por ello, uno de los ejes de la política exterior debe ser la contribución al desarrollo, en particular la política comercial y las negociaciones comerciales. Pero al establecer objetivos y prioridades en esta áreas, estos deben apuntalar una visión de desarrollo explícita e inclusiva.

La política exterior debe apoyar a los sectores productivos con competitividad global o regional. Entre los competitivos a nivel global, real o potencial, podemos identificar tres grupos: 1) los que tienen un alto nivel de recursos naturales (Agricultura, Ganadería y Pesca, Agroindustria, Minería y Energía) ; 2) los que se caracterizan por un alto nivel de conocimiento tecnológico (Biotecnología, Tecnología Nuclear, Tubos de acero sin costura, Satelital); y 3) los que tienen un alto nivel de creatividad o diferenciación (Confección Textil – alta calidad, Servicios Creativos y Empresariales, Turismo, Software ). La política exterior debe apoyar la expansión internacional de las empresas nacionales en estos sectores. Se deben asumir posiciones de negociación ofensivas, e impulsar estos sectores a través de incentivos decrecientes. Nuestra política externa también debe apoyar los sectores productivos que son competitivos, o tienen el potencial de serlo, a nivel regional. Estos sectores tienden a reflejar la visión ‘desarrollista’ de las décadas del 50 y 60.

 

Aquí se incluyen la Industria Automotriz, los Bienes Industriales de mediana complejidad, Siderurgia, Aluminio, Química, Petroquímica, Agroquímicos, Pinturas, Plásticos, y Farmaceútica . También la Confección Textil y de Calzado y Marroquinería (de calidad media). En estos sectores, nuestra política exterior debe apoyar la expansión regional de las empresas nacionales, y asegurar, trabajando en conjunto con Brasil, una protección selectiva. En consecuencia, se deberán adoptar posiciones de negociación defensivas a nivel internacional, que deben ir flexibilizándose, a medida que estos sectores, o algunos de sus segmentos, desarrollan niveles de competitividad global. Una visión de desarrollo productivo, permitirá establecer prioridades al encarar negociaciones comerciales a nivel internacional.

Se convierte en crítico para encarar la ‘mayor flexibilidad’ del Mercosur, una demanda brasileña que continuará, a medida que se consolida el gobierno de Temer y su canciller Serra. También nos permite decidir donde concentrarnos al encarar negociaciones con los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México).

Estas deben buscar establecer ACE’s ( Acuerdos Complementarios Económicos) , por país y por sector. A nivel transregional, una visión de desarrollo permitirá encarar con orientaciones claras y realistas las negociaciones del Mercosur con la Unión Europea, o Canadá. Aquí habrá que recordar lo expresado por De Gaulle: “Lo esencial para jugar su rol a nivel internacional es de existir por si mismo, en si mismo, y en su propia casa. No hay realidad internacional que no sea en primer lugar, una realidad nacional”. Nuestra política exterior no debe estar orientada a apoyar sectores productivos que compiten sólo a nivel local. Estos incluyen los Bienes Industriales de baja complejidad, Calzado y Marroquinería, Línea Blanca y Marrón, Textil -baja calidad y Electrónica. Estos sectores, deben ser el foco de sólidas políticas estatales y reflejar gran sensibilidad estratégica, evitando una precoz desindustrialización, en un contexto de protección decreciente.

También deben dar apoyo a los procesos de transformación tecnológica que pueden hacer competitivos a algunos segmentos de estos sectores. Un desafío mayor será el evaluar con exactitud las circunstancias y los potenciales de cada uno de ellos. A su vez, hay que considerar la escasez de personal calificado en las pymes industriales. Esto indica que hay que crear incentivos y planes de formación para traspasar el personal calificado de los sectores menos competitivos a los que tienen competitividad global y regional.

En esta visión de desarrollo, es importante notar que la clasificación propuesta es dinámica y no estática, y que los sectores no están condenados a una cierta competitividad (global, regional o local). En base a innovación, a diferenciación o productividad, estos sectores, o algunos segmentos, pueden evolucionar de local a regional, o a global. Un ejemplo es la industria textil, donde conviven marcas con llegada global, marcas exitosas a nivel regional. y productos de baja calidad a nivel local. Otro ejemplo se presenta en Línea Blanca, donde el segmento de lavarropas con tambor horizontal podría competir a nivel regional.
Para concluir, es importante que nuestra política exterior en lo económico, esté alineada con una visión de desarrollo explícita e inclusiva.

Al concebirse los aspectos internacionales de esta visión, se deben incorporar la opinión y el expertise operativo de la Cancillería, para tener las mayores posibilidades de éxito. Así se podrá llevar a cabo una política exterior en lo económico, que en palabras de la canciller Malcorra: “Refleje la potencialidad de la Argentina”.

Fuente:

http://prensa.cancilleria.gov.ar/una-politica-exterior-que-potencie-una-vision-de-desarrollo

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